Los retos del chequeo informativo: de la pérdida financiera a la construcción de confianza

*El artículo fue publicado el 13 de abril 2026 por fundacióngabo.org (Por Red Ética)

¿Por qué el chequeo informativo está en crisis? ¿Qué se está haciendo para revertirlo? Daniel Bramati, editor de Estadão Verifica, y Sergio Lüdkte, jefe de Projeto Comprova, lo cuentan en este extracto de la guía ‘La verdad bajo presión: IA, desinformación y la urgencia de la integridad informativa’. 

Las agencias de verificación están siendo atacadas y diezmadas económicamente. Según Sergio Lüdkte, redactor jefe de Projecto Comprova –una iniciativa de medios de Brasil que verifica el discurso público–, los enemigos de estas plataformas de comprobación las han llamado peyorativamente “Ministerio de la Verdad”, o han cuestionado su trabajo preguntando “¿quién chequea a los chequeadores?”. 

En los últimos años, los verificadores han sido objeto de “una dificultad muy grande” para llegar a las víctimas de la desinformación, dice Lüdkte. Paralelamente, se han afinado “las tácticas utilizadas por actores maliciosos”.

El panorama de la verificación y los desafíos de este sector son abordados en ‘La verdad bajo presión: IA, desinformación y la urgencia de la integridad informativa’, la tercera guía sobre desinformación lanzada por la Fundación Gabo y Proyecto Desconfío. Esta publicación recoge lo más destacado de las ponencias de la V Cumbre Global sobre Desinformación, desarrollada en septiembre de 2025, y brinda análisis y recomendaciones de buenas prácticas periodísticas.

El siguiente extracto hace parte de ‘Antídotos contra la desinformación’, el segundo capítulo de esta guía que te invitamos a descargar de forma gratuita.

La crisis del chequeo informativo

Daniel Bramati, editor de Estadão Verifica, hace parte de los consejos de dos organizaciones internacionales de fact-checking: la International Fact-Checking Network y Latam Chequea. La segunda congrega a verificadores de información que trabajan en español y portugués en América Latina, en el sur de Europa y en Estados Unidos. “En esas organizaciones soy testigo de una crisis, o de varias crisis que se conectan”, dijo Bramati.

Se trata de “una crisis política y de financiamiento”, así como una criminalización de los verificadores causada por “grupos que se benefician de la mentira”.

Descarga aquí la guía ‘La verdad bajo presión: IA, desinformación y la urgencia de la integridad informativa’  

Bramati recordó que después de la elección de Donald Trump en Estados Unidos en 2016 y del Brexit en Europa, en el Reino Unido, las organizaciones de chequeo encontraron un entorno más o menos propicio para su instalación y su crecimiento. Los estudios “demostraban la eficacia del fact-checking en el combate a la desinformación. Facebook y otras redes sociales, aparentemente preocupadas con los efectos indeseados de sus algoritmos, buscaban asociación con los chequeadores e, incluso, pagaban por ese trabajo. Otras organizaciones y algunos gobiernos reconocían la importancia del combate a la desinformación en situaciones de crisis, como la pandemia del coronavirus”.

Hoy ese pasado más o menos reciente suena imposible. “Algo cambió, y no fue la ciencia”, dijo Bramati, y señaló que el giro sucedió en el campo político. Los “grupos que se benefician electoralmente de campañas de desinformación incrementaron los ataques a los chequeadores”, acusándolos de promover la censura y de tener sesgos.

“El año pasado –prosiguió Bramati–, antes de la segunda elección de Trump, congresistas del Partido Republicano en Estados Unidos promovían una cruzada contra el combate a la desinformación en ese país. Con el pretexto de defender la libertad de expresión, esos congresistas lanzaron una investigación sobre organizaciones y personas que investigaban la desinformación, cuyo efecto en la práctica fue el de imponer censura a este sector”. 

Mientras tanto, en el resto del mundo los verificadores han enfrentado situaciones de asedio en línea y presiones políticas. “Hoy en día los enemigos de la democracia —que son también los enemigos del periodismo en general y del fact-checking en particular— están en una situación de fuerza aún más grande. Son más fuertes en este momento, y hay ahora una alianza explícita entre esos políticos y las grandes empresas de tecnología”.

En ese entorno, Bramati sostiene que se han perdido las fuentes de financiamiento y el acceso a herramientas que permitían que el impacto del trabajo de chequeo en las redes sociales fuera más grande. Por eso cree probable que muchos medios que combaten la desinformación no sobrevivan “a estos duros tiempos”.

El camino por la credibilidad y la resistencia

En la actualidad se discute la identidad de marca del trabajo de los chequeadores. Algunos se preguntan si deben abandonar el término fact-checking, “desgastado por tantos  ataques de aquellos que desprecian los hechos cuando no coinciden con sus creencias o sus intereses políticos”, explicó Bramati. Otros “dicen que no debemos renunciar a esa marca que mejor describe nuestro trabajo”, o “piensan que es una batalla perdida, que el término fact-checking ya ha sido resignificado negativamente por los adversarios, los enemigos de la verdad”. O bien, “hay quienes consideran que la discusión no es solo de imagen, sino que, en el fondo, desmentir falsedades no es suficiente para combatir los males del ecosistema informativo”.

Aquí es donde entra el concepto de la integridad de la información, que aboga por la promoción de un periodismo preciso e independiente, con la apertura de información y de archivos del Estado y también del sector privado. Un concepto que se enraiza en la transparencia, en darle al público las capacidades para resistir a contenidos que traen mentiras y concederle agencia en su consumo informativo. “La precisión, la consistencia y la confiabilidad de la información” son otros aspectos que valoran los documentos de organizaciones internacionales conectadas a las Naciones Unidas que comenzaron a promover a partir de 2022 el concepto de la integridad informativa, dijo Bramati. 

“Nosotros encontramos también que la integridad de la información es un concepto amplio, proactivo y sistémico que se refiere a la resiliencia del ecosistema informativo”, añadió, y mencionó una analogía que encontró al investigar fuentes de información sobre integridad informativa en Gemini, la IA de Google. “Si el fact-checking es el médico que trata los síntomas del paciente, la integridad de la información es como la salud pública. Es la creación de condiciones para que toda la población sea saludable y resistente a las molestias”, dijo.

Nuevos enfoques para la verificación: la abolición de las etiquetas

Lüdtke expuso cómo el Projeto Comprova decidió cambiar parte de su enfoque para atraer a una mayor audiencia y evitar ser considerados un árbitro del discurso público.

  • Crear titulares afirmativos. En Comprova los titulares priorizan la verdad sin repetir el rumor desinformante; no amplifican más los rumores ni las mentiras. Entienden que no repetir el rumor o la mentira en el titular es muy importante, incluso si es como negación. Intentan poner la verdad primero.
  • Ser más transparentes. Ofrecen más información sobre cómo se realizó la verificación, qué fuentes fueron consultadas y otros trabajos sobre el tema que fueron publicados por otras organizaciones de chequeo. También incluyen las notas comunitarias cuando están presentes en una verificación, y allí puede verse si lo que hay en las notas coincide con el alcance de la verificación.
  • Abolición de sellos. Comprova eliminó las etiquetas de “falso” o “engañoso” para evitar la confrontación directa con el lector y reducir la percepción de ser un ente censor. “Con la adopción de los titulares afirmativos, las etiquetas creaban una confusión, porque muchas veces parecía que la etiqueta estaba sobre el titular, no sobre el contenido que había sido investigado. Entonces decidimos abolir las etiquetas; solo las proporcionamos para las organizaciones que hacen chequeo y aún las utilizan”, dijo Lüdtke.

Fragmento de la guía ‘La verdad bajo presión: IA, desinformación y la urgencia de la integridad informativa’.